
La palabra me salva y me condena (Jesús Lizano)
Quizás tuvo la culpa la palabra,
o quizás fuera yo que la persigo,
mecido - como el viento acuna al trigo-
del mágico y fugaz abracadabra.
Palabra que me tumba y que me labra,
que se esconde y al fin se hace testigo,
que se amiga y se torna en enemigo
y otra vez me destruye y me relabra.
Palabra que "me salva y me condena",
que en armas se levanta, que me adora,
que me excluye, palabra que me invita,
que ofrece libertad y me encadena,
palabra que me odia y me enamora,
que me mata y después me resucita.