
Disputando a los copos su blancura
tu sonrisa emergió en el aguanieve,
y al desliz de tu tabla por la nieve
tu cuerpo austral se izaba hasta la altura.
Con juego de tobillo más cintura,
en un vuelo fugaz, ligero y breve,
llegaste Torah , donde nadie atreve
recortando en el cielo la figura.
Esquiadora sin par de mi Parnaso,
Vancouver te proclama campeona
derritiendo neveros a tu paso.
Y el oro merecido a tu proeza
del invernal Olimpo te corona
y le pone más brillo a tu belleza.