
Un rombo de papel, un esqueleto
de forma cruciforme, unos sedales
que ascienden hasta luces cenitales
y un puño acá en mi mano, bien sujeto.
Un día de ventisca bien repleto,
afanes de ascender descomunales,
pisando tus dorados arenales.
El trazo de una ráfaga, secreto,
dibujo por el cielo con tus colas.
Un niño se embelesa al infinito
siguiendo con el cuello tu silueta
que traza un giro, un ocho y dos cabriolas.
Te esquiva, casi topa, un angelito.
¡Que bello hacer volar a mi cometa!